Abril
Por fin llego el mes de Abril.
Con sus días de sol y sus días de lluvia y con él; Lara.
Decidiste venir por la noche, en silencio, rodeada del extraño ruido que tiene un quirófano con el ir y venir de las ginecólogas, de las enfermeras y de la anestesista que me sujetaba la mano para que no tuviese miedo, después de un ataque de pánico que sufrí cuando oí la palabra “quirófano” y “cesárea” tras el intento de parto vaginal que no pudo llevarse a cabo porque estabas muy alta en mi tripita y no tenías intenciones de salir.
Entramos en quirófano a las 22,15 y a las 23,40 llegaste. Oí tu primer “quejio” en medio de ese extraño silencio, oyendo las conversaciones banales de las participantes en él. Y pude contemplar tú carita manchada en la distancia cuando te trajeron a mi, durante un segundo. No pudimos estar piel con piel. El protocolo quirúrgico nos negó esa experiencia, pero para mí no fue un problema porque te quise desde el momento en que; despues de estar en la planta de reanimación y tras sortear los desiertos y silenciosos pasillos del Hospital, logre verte en brazos de tu padre que te sujetaba y te mecía como si tuviese entre ellos el más grande tesoro de este mundo.
Todo era silencio en la habitación, sólo se oí mi voz pidiéndole que me diese las gafas para verte mejor y cogerte en mis brazos.
Y lo primero que vi, fueron tus ojos, Lara y te reconocí. Tu piel suave y calentita como la de tu padre. Tu pequeña boca que se engancho a mi pecho en cuanto te puse. Tus manos de largos dedos que estaban frías y toda tú, mi viejecita, toda tú.
Me pase toda la noche dandote de mamar y tu padre contemplandote y durmiendo. Yo te olía, te cogía la mano, te cambiaba de pecho con su ayuda, te observaba. Y te quise.
Ya llevamos una semana en casa y después del susto de la llegada, del bajón que te da por saber si lo harás bien, después de pegarme con los ancestros por línea materna femeninos, todo es paz y tranquilidad contigo
Sólo espero que todo lo importante para ti, lo sepa hacer mio. Que pueda protegerte dejandote el espacio suficiente para crezcer. Que sepa ilusionarte. Que no se me olvide decirte cada día de tu vida que te quiero. Que sepa callarme cuando no me pidas consejo. Y que al llegar la noche, la contadora de cuentos, te cuente uno para que te duermas mientras la luna vigila tus sueños.
felicidades
pues nada, que muy bonito y felicidades
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