Autobús al desierto
Me empecé a atragantar comiendo el arroz chino del domingo ante las imágenes de una veintena de sudsaharianos esposados pidiendo agua, comida, e información de a donde los llevaban. Sólo sabían que iban a ser alejados de su sueño de llegar a Europa buscando un futuro mejor para ellos y sus familias.
En esos convoyes había niños y mujeres, aunque en las imágenes no saliesen, sólo se pudo apreciar a una mujer llorando amargamente ante su destino de ser llevada en dirección hacia el Sahara occidental, para una vez allí ser abandonados a su suerte.
Eran dos autobuses pertenecientes a una caravana de 28 lo que hacían un total de 1200 a 1500 inmigrantes expulsados tras los últimos incidentes de tratar de saltar la valla en las ciudades de Ceuta y Melilla.
Una reconoce que el problema de la inmigración es de difícil solución; gente huyendo de sus países, mafias que se aprovechan de esa necesidad, promesas del edén más allá del estrecho, el miedo al hambre, índices de superpoblación en las zonas de origen, etc.
Nuestro gobierno está tratando de llegar acuerdos de cooperación con Marruecos tras los últimos acontecimientos acaecidos en Ceuta y Melilla, implicando a las Comunidades Autonomas más afectadas en el problema como son Andalucía y Canarias.
Pero la cuestión de tratar con guante blanco al reino de Marruecos, al régimen de Mohamed VI, no creo que sea lo más acertado desde mi humilde punto de vista, ya que Marruecos incumple continuamente la Declaración de los Derechos Humanos en el Sahara Occidental, antigua colonia española, creando un muro de separación entre esta zona y Marruecos que ocupa exactamente 2500 kilometros, sembrados de minas anti-personas para frenar, según ellos, al Frente Polisario.
Y ahora se dedica a llevarse a estos inmigrantes por la noche de los centros de acogida a garrotazo limpio, para abandonarlos a su suerte y sacar el problema de su territorio, negando encima que se estén efectuando dichos traslados.
Así que cuando nuestra Vicepresidenta de Gobierno declaró que espera que se cumplan las garantias de devolución de los inmigrantes porque «El Reino de Marruecos tiene sus procedimientos y sus protocolos (...) controlados por las asociaciones de derechos humanos», me da la risa, risa con lagrimas, pero la risa…
Y me dan ganas de preguntarle: Sra. Vicepresidenta, dichas imágenes de personas angustiadas, sin saber a donde los llevan, sin comida, sin agua, saltando por la ventanilla de los autobuses, ¿no le hace recordar las caras de angustia de los judíos llevados en trenes a un destino incierto bajo el Régimen de Hitler?.
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