La cientificación del amor
Hasta ahora ha habido una ventaja evolutiva en el hecho de desarrollar el potencial humano para la agresión en vez del desarrollo de la capacidad de amar. Hasta ahora.
Acabo de terminar de leer “La cientificación del amor”, de Michel Odent. (Editorial: Fundación Creavida. ISBN: 9879869605. 340 pgs)
Quizá el título del libro no sea el más apropiado. Quizá se ajuste al contenido, pero no creo que le haya ayudado a la hora de ser tan conocido como otros libros rompedores con títulos tan llamativos como “El gen egoísta”. Porque, de alguna manera, “La cientificación del amor” trata de la evolución, como el famoso libro de Richard Dawkins, pero desde una perspectiva contrapuesta e igualmente “revolucionaria”:
El siguiente paso evolutivo de la raza humana ha de ser consciente.
En palabras de M. Odent:
La mutación no genética a Homo Ecologicus iniciada por la necesidad, la razón y el conocimiento científico, no es una utopia.
¿Es la evolución algo demasiado importante como para dejarla sola en manos de nuestros genes?[1]
En resumen, este libro parte de dos hipótesis:
- La agresividad ha supuesto una ventaja evolutiva para la raza humana. Una necesidad, si se quiere. Hasta ahora. Ahora, esa agresividad y violencia que en el pasado ha servido para conseguir la necesaria dominación de la naturaleza y de otros grupos humanos, se está volviendo en contra nuestra en forma de guerras sin fin, devastación de la naturaleza, violencia contra las mujeres, contra los niños, etc.[2]
- Entrelazando datos de distintas disciplinas, ofrece evidencias de que el corto pero crítico período de tiempo que sigue al nacimiento (lo que M. Odent llama el periodo primal) tiene consecuencias a largo plazo y en él está involucrado la capacidad de amar.
Para recabar más datos que confirmen la segunda hipótesis, creo el Primal Health Research Center
Curiosamente, mientras leía este libro apareció esta noticia: Los efectos del amor : “El amor de una madre puede llegar a reprogramar el genoma de su descendencia”.
Regularmente aparecen noticias que nos hablan de la importancia de ese periodo primal, también en los humanos. La última, de hace cuatro días: Cuanto menos tiempo pasa un niño con su madre, más agresivo será en el futuro
¿Y si Odent tiene razón y los genes nos han llevado a un callejón sin salida?
La conclusión es clara: utilizando una frase del propio Michel Odent, “Para cambiar el mundo, hay que cambiar la forma de nacer“.
A la vista de todo esto, asociaciones como la de El parto es nuestro adquieren una nueva dimensión, más allá de la mera reivindicación “feminista”, al igual que todo el tema de la promoción de la lactancia materna y la llamada crianza con apego.
1 La masa muscular que la evolución genética nos ha dado es ahora tan inútil que nos obliga a hacer ejercicio para que no se atrofie. ¿Tienen gimnasios los animales?. No, porque tienen la musculatura que necesitan para su forma de vida. 
2 Para ver las ventajas que una cultura de agresividad y violencia ha tenido en el pasado no hay más que ver la película 300 . M. Odent también cita a la cultura espartana y como, al igual que todas las culturas, ritualmente perturbaban el primer contacto entre la mamá y el recién nacido.
SOBRE LA AGRESIVIDAD
Es cierto que la agresividad ha representado una ventaja evolutiva para el ser humano, pero al mismo tiempo los grupos humanos para poder unirse para atacar a otros grupos han debido contar con elementos de amor y solidaridad entre ellos.
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