Sin complejos

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De mi nueva Conor Zippy y la bicicleta como medio de transporte.

Al cambiar de trabajo, lo que en principio podía parecer una desventaja (aumentar la distancia de casa al trabajo) ha acabado por ser un placer. Pasé de estar a 5 minutos andando a tener que tirarme alrededor de 25 minutos entre esperar el autobús y el viaje. O algunos minutos más, si al final optaba por ir andando. Puede parecer una minucia a alguien que viva en una gran capital, pero desde mi punto de vista el hecho es que multipliqué por 5 el tiempo que empleaba en viajes todos los días.

Como, además, los deberes parentales no me dejan salir a pedalear tanto como quisiera, empecé a darle vueltas a la opción de ir en bici

Las BTTs y las plegables

Solía considerar la bicicleta simplemente como un deporte o una actividad de ocio, como, me temo, casi todo el mundo. Las bicicletas son para el verano, o como mucho para los fines de semana y los carriles-bici son para ir de… no se sabe dónde a algún otro sitio que no quieres ir. La popularización de las BTT gracias a las frecuentes ofertas de los hipermercados ( ¿quien no tiene una BTT en el trastero o colgada en el balcón? ) no ha traído un aumento del uso de la bicicleta como medio de transporte.

La verdad es que las BTT están hechas para lo que están hechas, y son realmente incómodas para utilizar en ciudad y con ropa normal. La otra opción es usar una bicicleta “de paseo”, en la que la postura es más cómoda y suelen tener la cadena cubierta, transportín, etc. Pero en casa ya hay dos bicis (BTT), y no hay sitio para otra más de esas dimensiones. Por lo que la opción correcta era… una plegable.

Uno puede tener la imagen de las plegables de los años 70, esas típicas bicicletas marca G.A.C. ó B.H., pesadísimas, de sillín incómodo, sin cambios, etc, que aún hoy en día se ven esporádicamente, pero a poco que se busca información por Internet se descubre las maravillas de bicicletas plegables que existen hoy en día. Pero la tecnología, la novedad y/o la exclusividad se pagan, y no hay muchas por debajo de los 500€ y algunas de ellas pueden pasar de los 1000€. Otro problema añadido es que es difícil tener la oportunidad de probar una de ellas en una ciudad pequeña como Logroño, y gastarse ese dinero en algo a ciegas es como para pensárselo.

Mi Conor Zippy

Al fin al opté por una Conor Zippy, pues era la más barata que encontré de entre las que traen cambios. El modelo anterior, la Conor City Bug, era un poco más barata, pero por lo que he leído los desarrollos se quedan bastante cortos debido a su plato de menores dimensiones. Busqué si Conor tenía distribución en Logroño y encontré que había dos tiendas. Por la primera tienda que me pasé no la tenían; pregunté si la iban a traer (sin compromiso de compra: primero quería verla) y me dijeron que sí… por dos veces. No me debieron ver intenciones de comprarla. Tremendo error del vendedor. No fui una tercera vez.

Me pasé por Hogar Ciclos para descubrir con sorpresa que ¡ la tenían ahí mismo !. También tenían una City Bug, así que pude comprobar que no me había equivocado al elegir la Zippy: está mucho mejor acabada y la pequeña diferencia de precio (apenas 15€) merece la pena. Finalmente fue mía por 290€, un precio similar al que se puede encontrar por Internet.

Conor Zippy

Llevo 6 meses con ella y estoy encantado. Una de las mejores compras que he hecho nunca.

Para alguien acostumbrado a una BTT lo primero que notas es la dirección: es más “nerviosa”. Al ser el diámetro de la rueda menor (de 20”), es más fácil girar el manillar o, lo que es lo mismo, más difícil mantenerlo recto a velocidad baja. Pero enseguida te acostumbras. Lo segundo, la comodidad de la postura. Es similar a una bici de paseo, por lo que la postura no es tan forzada como en una BTT. Se puede pedalear de manera muy natural con cualquier tipo de ropa. Incluso con gruesas prendas de invierno.

El cuadro, al ser más bajo que en una BTT, permite acceder a la bici pasando el pie por encima de él. Ideal para la gente que no se termina de acostumbrar a montar en una bici levantando la pierna por encima de la rueda de atrás. Esta característica la comparte con las bicis de paseo, pero junto con el tamaño de la rueda hace que tenga una particularidad que imagino que compartirá con todas las plegables y que no tienen las de paseo actuales: su bajo centro de gravedad. Parece una tontería, pero es algo que yo he notado: la Connor Zippy tiene un peso similar a la BTT que tengo (unos 11 Kg.) y sin embargo la siento más ligera. Hay que hacer menos fuerza con los brazos para moverla, tanto pedaleando como andando junto a ella.

El sillín es perfecto: ni demasiado duro y estrecho como requeriría otra bicicleta que fueses a usar con ropa deportiva ni demasiado blando o ancho como para terminar resultando incómodo. Los cambios, perfectos también: suaves y rápidos. Los desarrollos, muy bien: tiene 6 piñones y casi nunca necesito el pequeño o el más grande.

Todo esto en cuanto a las características de la Zippy. Las ventajas que comparte con todas las plegables, pues las obvias: ocupa poco, con lo que la puedes subir fácilmente en un ascensor (esto es importante a la hora de usar una bici todos los días), meter en el maletero de un coche, en casa cabe casi en cualquier sitio, etc. Y el plegado: 15 segundos.

Las pegas

Por buscarle alguna pega, y sin haber podido compararla con ninguna otra plegable ( ¡quien pudiera probar una Brompton o una Tikit Friday ! ): al plegarla, no hay nada que evite que se “despliegue”. Otras plegables lo solucionan con unos imanes o con algún tipo de enganche. Bueno, nada que no se pueda solucionar con una tira de velcro:

zippy velcro

Otra cosa que se hecha de menos en alguna ocasión es una mínima suspensión trasera. Es algo que otras plegables más caras tienen y que seguro que se agradece al pasar por un empedrado. Esto de los empedrados es algo que se suele usar en algunas calles como método disuasorio para reducir la velocidad de los coches (algo que no siempre consiguen) y que a los ciclistas nos hace la puñeta.

Un problema que he tenido relacionado con el firme: las cubiertas. Son extremadamente lisas, perfectas para una ciudad bien asfaltada… hasta que llueve y te encuentras con las calles mojadas. Si a esto unes las típicas chapas gruesas que ponen delante de las obras para que los camiones no destrocen las baldosas, y un casi-cuarentón que acelera sobre la bici más de lo recomendable, puedes acabar en el suelo. Sí, me fui al suelo a los diez días de estrenar la bici. Wink Nada grave. La bici, bien, gracias.

Otros detalles, solucionables todos ellos con dinero (es decir, con un modelo más caro) serían el tamaño, el peso y que se pudiese transportar rodando cuando está plegada. La primera vez que la gente la ve y la sopesa plegada se sorprende por su ligereza. Pero una vez que te acostumbras, te planteas como sería tener una bicicleta más ligera y pequeña.

La bicicleta como medio de transporte

Aún no se han popularizado las bicicletas plegables como en su día lo hicieron las BTT. Aún no han llegado masivamente a las ofertas de los grandes hipermercados, aunque alguna empieza a verse. Por ejemplo en Carrefour, dónde últimamente suelen aparecer plegables por precios alrededor de 100€. Pero ni un modelo en otros “hiper” deportivos como las tiendas Decathlon. En estas tiendas, por lo que veo que circula por las calles de Logroño, están vendiendo ahora masivamente nuevos modelos de bicicletas “de paseo” o “urbanas”. Pero ni rastro de plegables. Parece que el modelo consumista funciona a la perfección: primero nos vendieron las BTT, ahora están convenciendo a la gente de que lo suyo es una “urbana”, más cómoda. Dentro de un tiempo, lo veo venir, empezarán con las plegables. Para que vender a la gente lo que necesita a la primera si les puedes vender antes un par de productos más.

Habrá que esperar a esta popularización para que la mayoría de gente se empiece a plantear la bicicleta como lo que es: el transporte (personal) del futuro. Pero del futuro de verdad, no de un futuro hipotético y utópico.

Pero para que la bicicleta sea considerada como un medio de transporte tiene que ser fácilmente accesible. No puede ser un “espera que voy al trastero a por la bici“ junto con un “no subas conmigo en el ascensor que te voy a dar en la cara con la rueda o te voy a manchar“. Son el tipo de problemas a los que una plegable da solución.

Mientras tanto, ya se empiezan a ver algún que otro modelo de bicicleta plegable por Logroño. He tenido la oportunidad de ver una Brompton (de lejos, mientras conducía un coche), una Monty Pocket 14 (de cerca, en el parque, al padre de un niño al que hablaba en francés), una par de Conor City Bug y una Folding de las de 99€ de Carrefour, a una joven… musulmana. Este último encuentro fue bastante chocante: en plena Gran Vía de Logroño, con el mismo pañuelo con el que sus dos compañeras cubrían sus cabezas, pero el suyo bajo una casco de bicicleta, y una plegable en sus manos. Im-presionante.

Hay quien teme la aportación de la inmigración en España. Yo he encontrado al menos un aspecto positivo que no habría que pasar por alto: no tienen ese complejo de “nuevo rico” que tan rápidamente se ha extendido por nuestra sociedad de opulencia y apariencia y que nos hace coger el coche, como se suele decir, “hasta para ir a comprar tabaco”; y no se les “caen los anillos” si tienen que coger la bicicleta para ir a trabajar. Tal y como cualquiera que madrugue un poco puede ver hoy en día en Logroño: de los pocos “bicicletistas” que me cruzo a las 7:30 de la mañana, más de la mitad son negros. El que dos de las otras personas que he visto con plegables sean un francés y una musulmana, no puede ser casualidad.

El que en una ciudad como Logroño; tamaño mediano, plana, con bastantes zonas peatonales o con poco tráfico; no se vean más bicicletas usadas como transporte (aunque cada vez se vean más, es cierto, y no sólo a inmigrantes), sólo lo puedo achacar, como digo, a la imagen de “deporte” que tiene la bicicleta y a la tontería. La prueba la hallé en el comentario que un crío de unos 12 años me hizo al verme con mi Zippy y que da título a esta entrada: “Así, así, sin complejos“. La madre que lo parió…

Por qué, finalmente, la bicicleta

Hay muchos motivos, excusas o coartadas: que si la salud, que si la contaminación, que si el cambio climático… Por no hablar del ahorro de tiempo y dinero. Calculo que frente al coste, por ejemplo, del bono-bus, habré amortizado la bicicleta en poco más de un año. No me quiero imaginar si lo comparo con el coche. Y en cuanto a tiempo, creo que me ahorro entre 15 y 20 minutos al día. Puede no parecer mucho, pero unos minutos al día suponen mucho tiempo al cabo de los años, como se puede comprobar en esta original página . Wink

Pero realmente mi principal motivo, si no el único, como dije al principio, es más simple: el placer de pedalear un poco todos los días.

Y ahora, una pequeña “stop motion movie” de mi flamante Connor Zippy:

« Antes de imprimir esta página, asegúrese de que es imprescindible hacerlo. El medio ambiente es cosa de todos. »

3 Comentarios

Me has dado mucha envidia con eso de poder ir al bici al trabajo. Y más con una bici tan práctica como esa.

Volveré a leer con más atención este artículo porque antes o después espero poder unirme al clan de los que van en bici al trabajo.
Y es un muy buen punto de partida para comenzar a sopesar qué bicicleta me convendría más. :)

Si la vas a usar de continuo, que el precio sea el último parámetro. Una buena bici usada a menudo se amortiza rápido.

Naturalmente, a igual o similar calidad, la más barata. Tampoco hay que pagar por pagar.

Si puedes, prueba distintas bicis. Yo apenas tuve oportunidad de ver “en vivo y en directo” un par de ellas. Tuve que fiarme de lo que decían por internet. Y una cosa mecánica como una bici es mejor probarla. Verla. Tocarla.

Gracias por la descripción y comentarios tan acertados. Y las fotos y video. Al parecer es una buena bici. Enhorabuena. Yo también ando cambiando el chip para ir al trabajo en bici.
Saludos,
Calvin

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